Martín y Sicilia – “Perdona por las cosas que te dije en invierno”

Una biografía de la duda

(manual de conceptos y de incertidumbres)

Un proyecto de MARTÍN y SICILIA comisariado por Fernando Gómez de la Cuesta

Hoy en día, la abstracción ya no es la del mapa, la del doble, la del espejo o la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal

Jean Baudrillard – Cultura y Simulacro

José Arturo Martín (Tenerife, 1974) y Javier Sicilia (Tenerife, 1971) trabajan en equipo desde 1995. Sus piezas siempre se han caracterizado por desarrollar escenas pictóricas, fotográficas o instalativas, en las que ambos artistas se incluyen como protagonistas de situaciones que pueden parecer convencionales. Sin embargo, tras esa primera lectura en clave narrativa, sus obras empiezan a ofrecernos otros registros que nos llevan de una forma sutil hacia un cuestionamiento permanente de los valores establecidos y hacia una dialéctica insumisa que se posiciona frente a los grandes temas que la contemporaneidad plantea. Mediante un relato conciso de lo ordinario y a través de una acción que nunca es casual, el conflicto va penetrando sutilmente en lo cotidiano. Es entonces cuando Martín y Sicilia abordan, desde ese contexto tan cercano y reconocible, las dificultades con las que se encuentra el sujeto actual a la hora de sortear los obstáculos que le tiende este mundo de incertidumbre y de vorágine en el que andamos sumidos, una pérdida del sentido y de la identidad que ellos tratan de reconstruir para reorientarse, cartografiando su entorno inmediato desde la ilusión, la duda, el riesgo, el miedo, el triunfo, el sentido del humor, la ironía, el sarcasmo, la diversión, la herida y el desánimo, señalizando el terreno reconocido con hitos de experiencia, marcas de vida y luces de fiesta, mientras completan sus biografías con su forma de ser y de actuar, pero también de subsistir, resistir y (re)existir.

La introducción de la acción, del conflicto y de su (ir)resolución, en espacios que pudieran parecer seguros, genera una biografía de la duda que se extiende sobre el mapa de sus propias identidades, una cartografía que recorre, sucesivamente, los itinerarios que les llevan desde lo imaginado a lo real y desde lo particular a lo general. Todo ello compone este “The Handbook of Concepts” que surge a partir de un experimento expositivo titulado “Perdona por las cosas que te dije en invierno” (2016) y que ha sido realizado en las salas del Instituto de Canarias Cabrera Pinto de San Cristóbal de la Laguna (Tenerife). Martín y Sicilia recogen en ambas propuestas -exposición y publicación- un discurso que intercala y conecta una selección de obras efectuadas durante sus más de veinte años de carrera creativa junto con otras piezas actuales, y lo hacen, no con una pretensión retrospectiva, sino con la voluntad de dejar en evidencia que esos temas recurrentes siempre han estado presentes en su reflexión, generando nuevas lecturas acumulativas y en mutación que ahondan en el desaliento diario del campo de batalla, en el desgaste del conflicto cotidiano, pero también en la articulación de la resistencia y del camuflaje, en la planificación de la defensa y del contraataque, en la expectativa de la supervivencia, la vivencia, el éxito y la victoria. Un mapa conceptual que salvará sus vidas y un pacto que quizás pueda salvar las nuestras, las de todos aquellos que somos parte de esta peculiar conjura del arte que, desde hace tiempo, vienen tejiendo José Arturo Martín y Javier Sicilia.

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Construcción del yo

(autorretratos desde la escena)

Creo que el arte oculta al artista más que lo descubre

Oscar Wilde – El retrato de Dorian Gray

La construcción, deconstrucción y reconstrucción de su propio yo es el camino crítico con el que Martín y Sicilia van creando una (auto)biografía dialéctica que fluctúa entre la realidad y la ficción. Esta elaboración de una nueva personalidad conjunta, vinculada a la de los dos artistas pero independiente de la de ellos, tiene en cuenta esa ruptura postmoderna que señala la decadencia de los grandes relatos como vía para fijar aquellas “vidas ejemplares”, aquellos “hechos hagiográficos”, que poseían la expectativa pretenciosa de proyectarse hacia la eternidad. Ya no existen genealogías dominantes en este mundo líquido, múltiple y fragmentado, sino una sucesión infinita de micro-historias que componen un magma confuso, muchas de ellas, casi todas, completamente anecdóticas y sin más interés que el de dar expresión de la inabarcable proliferación de sucesos intrascendentes recogidos y difundidos como si tuvieran la más mínima importancia. Sin embargo, este proyecto de exposición y de publicación, trata de extraer de ese colapso desordenado y global, la búsqueda permanente, el esfuerzo, el trabajo aplicado, la investigación rigurosa extendida en el tiempo, sin fugacidades ni superficialidades, que va otorgando coherencia y profundidad a la trayectoria recorrida por Martín y Sicilia, un análisis de la contemporaneidad tan heterogéneo como intenso que configura, relato a relato, el contexto que define el ámbito más íntimo de su personalidad artística, aquél que expresa la esencia de este colectivo desde la pluralidad de sus temas y de sus perspectivas, conformando un espacio idóneo para mapear este peculiar (auto)retrato en continua formación y en constante cambio.

Desde el inicio, Martín y Sicilia, realizan esta construcción unitaria haciendo una renuncia arriesgada que marca el comienzo de su tesis, una decisión que podría parecer meramente formal pero que, en realidad, es de suma importancia en todos sus desarrollos artísticos: un desistimiento apriorístico de sus respectivos “egos pictóricos” que se plasma en una deliberada falta de estilo en su pintura. Martín y Sicilia deciden desprenderse de las autorías, del gesto expresivo, del trazo significado, del toque maestro, de cualquier componente subjetivo y, por extensión, de la búsqueda de la genialidad individual, recurriendo a una pintura que ellos mismos llaman de “grado cero”, una pintura de baja intensidad, sin marca y sin estilo, que tiene el objetivo aséptico de los antiguos cartelistas de cine o la neutralidad de los talleres orientales de pintura figurativa por encargo. Martín y Sicilia mediatizan esa forma de pintar para convertirla en el mero instrumento que cuenta sus historias, tratando de que la técnica interfiera en ellas lo menos posible, a la vez que se constituye como la herramienta perfecta para construir el “súper-ego” de este colectivo que, evidentemente, no surge de la suma lineal de las personalidades de ambos, sino de una elaboración consensuada, premeditada, mezcla de todas las historias en las que ellos, como protagonistas de las mismas, se ubican frente a la realidad y frente a la ficción de una manera contundente. De hecho, la apariencia indolente de esas escenas sólo permanecerá en el espectador poco atento, ya que Martín y Sicilia no conciben la realización de un arte inocuo, no entienden una creación sin una implicación personal absoluta que, de una forma u otra, termine desarrollando su propio posicionamiento.

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Identidad

(esencia, reducto y reacción)

El narrador toma lo que narra de la experiencia; la suya propia o la transmitida. Y la torna a su vez en experiencia de aquellos que escuchan su historia 

Walter Benjamín – Para una crítica de la violencia y otros ensayos

La identidad es aquello que permanece, ese lugar metafísico al que siempre tratamos de retornar en los momentos de conmoción o de búsqueda, de replanteamiento o de reacción, un espacio de máxima seguridad donde protegemos lo que nos define, los valores nucleares de nuestra deriva vital. La identidad permanece pero no es inmutable, posee un “elevado calor específico”, una propiedad física cuya descripción indica que hace falta una gran aportación de energía para que las sustancias que la manifiestan varíen su temperatura un grado. La identidad bien construida también necesita de esa contribución significativa de energía, conocimiento y experiencia para modificar una composición que, por propia definición, se configura como estable. El problema que nos impone la contemporaneidad es que ese ritmo frenético al que nos vemos sometidos, su carácter aparente y su estructura poco fiable, evita la consolidación de esas capas que podrían habilitar nuevos crecimientos, convirtiéndolo todo en un caos de elementos confusos y superficiales donde pocas cosas adquieren la consistencia necesaria como para ser relevantes en un proceso tan dificultoso como el de la elaboración de la propia identidad.

José Arturo y Javier llevan muchos años definiendo y completando la descripción esencial de Martín y Sicilia a partir de lo próximo, de lo íntimo, de lo personal, desde la perspectiva de todo aquello que conocen bien. Ambos son conscientes de que sólo se pueden desarrollar temas complejos cuando la identidad y la voluntad están bien arraigadas en las entrañas del espacio físico y conceptual sobre el que se asientan, ya que en estos tiempos de desmesura, de vorágine y de epidermis, no hay nada más difícil que analizar con tiempo y con rigor aquello que nos interesa. Las obras de Martín y Sicilia realizan el desvelamiento de una identidad que se ha forjado a través de los diferentes contextos y experiencias que los artistas han ido viviendo, sus traslados y sus permanencias de carácter material y emocional, han configurado una estructura sólida de construcción lenta, minuciosa y cercana que dota a sus investigaciones de una seguridad y de unas referencias que les hace no renunciar a ninguno de los caminos que, por muy largos y difíciles que parezcan, se van abriendo ante ellos.

Desde lo cultural, lo social, lo geográfico y lo profesional, hasta lo personal, lo íntimo, lo emocional y lo sexual, la definición de identidad de Martín y Sicilia, como material sensible que es, atraviesa diversas zonas de riesgo en las que la resolución o irresolución de los conflictos identitarios que se plantean van construyendo su propio núcleo. Una sustancia elemental desde la que surgen sus narraciones como forma de expresión, esas bioficciones que mezclan la realidad y la invención, y en las que, los artistas, tratan temas como la crisis del capitalismo, el postcolonialismo, el miedo como instrumento de coacción y de manipulación o la decadencia de la masculinidad. Martín y Sicilia se convierten entonces en contadores de historias que parten de su experiencia y de su conocimiento, de su identidad y de su esencia, y las tornan, a su vez, en experiencia, conocimiento e identidad de todos aquellos que quieran escucharlas, entenderlas y aprehenderlas.

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Biografía, hogar y álbum de familia

(de vuelta a casa)

Al final, para un hombre de mundo, es muy exótico volver a casa

Enrique Bunbury y Nacho Vegas – El tiempo de las cerezas

En la creación contemporánea se suele confundir la profundidad con la opacidad, con un cripticismo conceptual que tiene más de pedantería y de pretensión que de verdadera reflexión. En muchas ocasiones, tratando de obtener ese calado y seducidos por lo exótico, viajamos lejos, a territorios extraños donde no conseguimos alcanzar el conocimiento necesario para realizar una aportación con contenido y con sentido. En esta era cambiante e inestable que nos obliga a una desubicación y reubicación constante, a orientarnos y desorientarnos, a definirnos y redefinirnos; en una época en la que convivimos con una precariedad vital, laboral, sentimental, económica, política y social que nos empuja a estar en continuo movimiento, físico y mental, debemos tener un punto de referencia, un lugar seguro, una isla, un puerto, un hogar, un refugio en el que guarecernos cuando la situación se haga insostenible o que nos sirva de punto de partida para equivocarse (un poco menos) en nuestros caminos, permitiéndonos construir estructuras complejas con proyección universal desde nuestro propio contexto, desde aquel lugar que nos reconoce y en el que nosotros nos reconocemos, allí donde nos sentimos (un poco más) seguros.

En estos veinte años de trayectoria, de tránsitos, traslados, mudanzas y relocalizaciones, Martín y Sicilia nunca extraviaron sus referencias, siempre marcaron sus hitos de orientación para no perderse y para que no nos perdiéramos, escenarios reconocibles y actores cercanos que les permiten ubicarse y crecer hacia territorios y profundidades insondables. Por eso, esta pareja de artistas, no tiene ningún pudor en trabajar con lo más íntimo, con su ámbito privado, con su hogar, con su estudio, con la familia y con los amigos, con su isla, con sus islas, con Madrid, Berlín y Tenerife, utilizando los elementos, los sujetos y los lugares que las representan de una forma anti-icónica, huyendo del efectismo, del impacto por la mera imagen simbólica, de la inseguridad y del prejuicio. Puntos cardinales claros y concisos para señalar las coordenadas donde tiene lugar la historia, el acontecimiento y el accidente, sucesos aparentemente cotidianos pero que, tras una lectura atenta, resultan de vital importancia, de una trascendencia que viene amplificada por las persona tan cercanas que los protagonizan y por el espacio tan íntimo donde se producen.

Por eso, después de muchas idas y venidas, Martín y Sicilia han decidido volver al punto de partida, al lugar donde todo empezó, vuelven a casa para seguir el camino, pero ellos no son los mismos que se fueron, ahora son todo lo que han visto, lo que han oído, tocado, olido, comido y sentido, son lo que han mamado, lo que han disfrutado y lo que han padecido, son lo que han vivido. Unos supervivientes que vuelven y que dejan sus sedimentos extendidos sobre la arena negra de una playa a los pies de un volcán, en una isla que conocen bien, al sol, a la vista de todos y al alcance de cada uno de nosotros. Restos de sus vidas, de sus aciertos y de sus errores, señales, sentimientos, rastros y emociones, que deben servirnos para seguir reconstruyendo la toponimia de sus cartografías, de nuestros propios mapas, por que no hay utopía más bella, ni paraíso más cercano ni más efectivo, que el del hogar, que el de ese lugar que compartimos con las personas a las que amamos.

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Mapa, cartografía y orientación

(señalando el camino)

El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo

Gabriel García Márquez – Cien años de soledad

Hace tiempo que habitamos el desbordamiento, que vivimos alienados, sobrepasados ante la desmesura que se extiende frente a nosotros, estremecidos por el exceso y confundidos por la incertidumbre. La contemporaneidad, en un curioso contrasentido, nos ha ido desorientando a la vez que perfeccionaba sus herramientas de conocimiento, nos ha aturdido con una profusión inabarcable de posibilidades y de caminos que, lejos de ayudarnos, han terminado por desubicarnos. El yo, la identidad y el contexto, son las coordenadas que hasta ahora hemos tratado en el presente manual, unas referencias generales que orientan la construcción creativa y conceptual de Martín y Sicilia, y que les sirven para trazar este mapa personal que incardina su devenir ante la vorágine, la hiperabundancia, el colapso y la locura. Juntos recorren este bosque confuso y crepuscular con un farol en la mano, con una luz que apenas les permite vislumbrar lo que tienen a su alrededor, lo que conocen y lo desconocido, no necesitan un foco de mayor alcance, son conscientes de que la sobredimensión, la escala inhumana que padecemos, la sensación de poder ver todo lo que existe, es lo que desborda a mujeres y hombres, es lo que nos hace perder la mesura. Desde esos parámetros van recorriendo una senda que no es fácil, apartando las ramas y buscando algún claro, algún hallazgo que, sin duda, pasará a formar parte de esas vías por las que van dejando su rastro, con la voluntad, no tanto de alcanzar un destino, sino de recorrer un camino.

Martín y Sicilia se esfuerzan por marcar el territorio que transitan fijando unos hitos que van señalando los itinerarios de esa cartografía de lo cotidiano donde también sucede lo extraordinario, el acontecimiento, el hecho, la narración, el accidente o la búsqueda que tiene como fruto el descubrimiento. Martín y Sicilia exploran como pioneros bosques conocidos, se encuentran con sitios donde han estado y descubren otros nuevos, visibilizan los elementos del lugar para orientarse, pero también para que nos orientemos. El camino va dejando en evidencia intereses y desafectos, tiene algo de misterio, de resistencia, de acción, de miedo, en ocasiones, también, de diversión, de fiesta. Trabajos útiles y sisíficos en los que portan mochilas con libros que luego leerán frente al acantilado y quemarán en la hoguera para calentarse, para alimentarse, para conseguir algo de luz en la penumbra de la noche. Con esfuerzo, harán rodar piedras enormes hasta lo alto de la montaña para ver como caen por la ladera opuesta, descubrirán rinocerontes dóciles y les pintarán una diana, hallarán nuevas vías y construirán refugios en una ficción tan real que parece cierta. Su existencia, frente al permanecer, es un discurrir continuo, un pasar y no quedarse con casi nada pero contarlo todo, dejando algunas huellas y rastros de sus hechos para que otros se orienten mediante esas marcas. Nómadas existenciales que cambian de lugar constantemente sin perder la referencia del origen, del refugio, pero sin aferrarse a ello, por que clavar los pies en un lugar, coger una bandera, o afiliarse a un partido, es la forma más sencilla de perder la libertad y la independencia. Martín y Sicilia elaboran sus mapas sin fronteras, no describen países ni escudos, sino lugares, conocimientos y experiencias, por eso sus cartografías pueden ser importantes para cualquiera.

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Masculinidades

(pelea de gallos)

El género es un conjunto de roles culturales. Es un disfraz, una máscara con la que hombres y mujeres bailan su desigual danza

Gerda Lerner – La creación del patriarcado

Una vez señalado el marco general, conceptual y contextual en el que se desarrollan las investigaciones de Martín y Sicilia, es necesario explicar algunos de los temas que, de manera recurrente, aparecen en sus planteamientos. De hecho, como hemos comentado, uno de los objetivos de la presente publicación –y de la exposición de la que trae causa- es dejar en evidencia que la elaboración de sus piezas se suele articular a partir de objetos de reflexión concretos sobre los que esta pareja de artistas han aplicado un interés permanente, unos ámbitos que se han ampliado a medida que van avanzando en sus diferentes líneas de análisis. Esta manera de construir a base de capas de conocimiento que se generan y se acumulan en un plazo de tiempo dilatado, resulta algo inusual en el seno de esta sociedad de ritmo frenético y de escasa constancia, una metodología que alcanza profundidades ciertas y que, para nuestra desgracia, no es el mecanismo de construcción habitual en la creación contemporánea, un ámbito que se está desenvolviendo más en el terreno de la ocurrencia y de la epidermis que en el de la elaboración y la perseverancia.

De entre esas materias de discernimiento habituales en Martín y Sicilia podemos destacar una que aparece en muchas de sus piezas: la puesta en duda de los valores establecidos para la masculinidad. El método crítico desarrollado por estos artistas plantea el cuestionamiento casi imperceptible de las instituciones para situarlas en un interrogante permanente, una fricción sutil, una acción apenas evidente pero demoledora, que va calando en la percepción del espectador sin que éste termine de ser consciente. Desde la proximidad de sus imágenes, desde contextos cercanos, protagonistas conocidos y escenas cotidianas, Martín y Sicilia examinan la definición menos flexible de masculinidad, aquella que apela a términos taxativos y excluyentes, mientras recurren a su método usual, a aquél con el que introducen en la vida diaria situaciones que, a primera vista, pueden parecer inocuas, pero que se encargan de ir demoliendo desde dentro las estructuras anquilosantes y escleróticas de unos conceptos consolidados en el inmovilismo.

Martín y Sicilia siempre reclaman la construcción de la historia desde enfoques subalternos que, en este caso concreto, entran en contradicción con la “his_story” –literalmente “la historia de él”- que es el término creado por el pensamiento feminista para denunciar el carácter jerárquico y patriarcal de la elaboración histórica. Ellos lo hacen mediante diferentes elementos de reacción insertos en lo cotidiano que abarcan desde el travestismo, el disfraz, la máscara, la inversión de los roles, la exageración de la masculinidad, la contradicción con lo femenino, la caricatura, los tópicos heteronormativos, la ficción, el simulacro, el drama o el sentido del humor, para dejar en evidencia la ridiculez de esos planteamientos convencionales. Así, José Arturo y Javier, partiendo de sus propias sensibilidades, van realizando la construcción conjunta de la identidad de Martín y Sicilia, una definición de su esencia que procede de ambos artistas pero que, sin duda, tiene una génesis, un desarrollo y una autonomía propias.

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Micropolíticas

(acciones íntimas de resistencia)

Día tras día, somos testigos de la desaparición o relegación de acontecimientos reales que, manteniendo las apariencias de lo real, son, de entrada, objeto de unas manipulaciones que niegan la realidad misma

Gillo Dorfles – Falsificaciones y fetiches

Es curioso observar como la transformación social de los últimos cincuenta años, donde lo político ha ido añadiendo a su debate las esferas de lo individual, lo personal e incluso lo íntimo, termina coincidiendo con alguno de los caminos que Martín y Sicilia han desarrollado en sus más de veinte años de investigación. Es verdad que, como ellos mismos señalan, nunca han hecho un arte político en sentido estricto, pero también es cierto que siempre han mantenido un posicionamiento sólido en cuestiones de calado, realizando y representando acciones que expresan su postura firme, aunque sutil, mientras provocan que nos cuestionemos, casi sin darnos cuenta, nuestras propias ideas ante temas que se incluyen en las definiciones más recientes de lo político, esas que amplían su radio de acción desde lo público a lo privado y desde lo colectivo a lo íntimo. Martín y Sicilia siempre han tenido claro que el campo de actuación más efectivo para desarrollar sus propuestas es el contexto cercano, aquel que abarca desde el espacio compartido y cotidiano donde desplegamos nuestras vidas públicas, hasta aquellos lugares que albergan nuestra intimidad más absoluta. Unos ámbitos de alta sensibilidad que, lejos de vulgarizarse contagiados por su proximidad o por su rutina, amplifican lo que allí ocurre al generar en el espectador una receptividad, una identificación especial, por la posibilidad de que aquello que está sucediendo también pueda pasarle a él.

Es por eso que Martín y Sicilia, tomando como escenario la cotidianeidad y constituyéndose como protagonistas de sus escenas, confeccionan una serie de historias que actúan como acciones íntimas, de posicionamiento y de resistencia, que se pueden englobar en el ámbito de la micropolítica y de las microacciones de alto alcance. Narraciones ciertas y simuladas donde la realidad y la ficción se confunden con la verosimilitud del contexto y el conocimiento evidente de sus actores, para generar una serie de hechos, insignificantes en apariencia pero que tienen un efecto demoledor, más incluso que los que se dan en otros campos, no tan cercanos, de relación, de afecto, de conflicto o de batalla. Martín y Sicilia se ubican en lo diario y en lo propio por que entienden que el cambio debe empezar por uno mismo, desde su esfera más íntima, desde aquellos ámbitos donde su decisión personal puede modificar las cosas. Es en ese entorno donde plantean sus miedos, sus pasiones, sus ideas y esas dudas que definen su estado de incertidumbre permanente, aquél que les hace avanzar pero también detenerse y retroceder, unos desasosiegos, unas desconfianzas, unas convicciones y unas reivindicaciones que, en realidad, no difieren mucho de las de cualquiera de nosotros, unas situaciones que se hacen patentes en nuestros salones, tras las puertas de nuestros dormitorios, acechando en el pasillo, en el supermercado, en Ikea, en nuestro barrio, en nuestros trabajos o yendo de vacaciones. Martín y Sicilia construyen sus propias barricadas, bloquean las puertas, se manifiestan, protestan, se defienden, se atrincheran, accionan y reaccionan, pelean y se posicionan, hacen política desde una serie de actuaciones íntimas de resistencia, de defensa, de ataque y de contraataque, sobre temas tan cercanos que su alcance es global, sobre hechos cotidianos pero de una importancia trascendental.

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Ficciones y simulacros

(nada es lo que parece)

La sensatez nos dice que las cosas de la Tierra bien poco existen, y que la verdadera realidad sólo está en los sueños.

Charles Baudelaire – Los paraísos artificiales

Durante la redacción de este texto que coincide con la vigencia de la mencionada exposición en las salas del Instituto Cabrera Pinto de La Laguna, se produjo en Ankara el asesinato del embajador ruso en Turquía. Este suceso podría ser uno más de tantos hechos terribles que nos abordan cada día desde cualquier lugar del mundo y a los que, en el seno de nuestra frenética insensibilidad contemporánea, apenas dedicamos un segundo de atención. Sin embargo, que la acción se produjera en una sala de exposiciones, en un cubo blanco perfectamente iluminado, en un espacio diáfano que responde a los códigos estéticos actuales de exhibición de arte, y que, además, aconteciera ante las cámaras de los profesionales que estaban cubriendo la inauguración, hace que nos paremos en ella algo más de lo habitual. El asesino, un policía turco que no estaba de servicio, parecía haber estudiado su atuendo para confundirse con los agentes de seguridad, una apariencia “tarantinesca” que, en cierto modo, hacía presagiar la violencia latente que se iba a desencadenar. El embajador, que vestía un traje gris que no era nuevo y unos zapatos de suela gastada, cayó fulminado en el momento en el que se produjeron las detonaciones, fue entonces cuando su asesino, justo antes de sucumbir acribillado a balazos por los escoltas del diplomático, gritó los motivos del homicidio que acababa de perpetrar levantando su brazo y señalando el cielo con su dedo índice: era la venganza por la masacre de la población musulmana en una guerra, la de Siria, de la que este individuo responsabilizaba a Rusia. Una escenografía tan perfecta que parecía diseñada por el mejor director de fotografía.

Uno de los reporteros que cubría el acto, acostumbrado a componer sus imágenes de acuerdo a criterios estéticos, decidió tomar fotos de lo que estaba ocurriendo a pesar del riesgo evidente. La mezcla del contexto sencillo, neutro, blanco, reconocible, cercano y bien iluminado de la sala, el contraste conceptual de esa asepsia con el hecho dramático que tenía lugar en ella, la oposición formal de las siluetas oscuras de los protagonistas y el espacio claro que las albergaba, la irrealidad aparente de un lance que, sin embargo, era completamente real, así como la búsqueda intuitiva, por parte del fotógrafo, de la belleza de un incidente tan sórdido, son los factores que generaron unas instantáneas poderosas que dieron la vuelta al mundo. Las redes se inundaron de ellas y los debates sobre las mismas, algunos interesantes y de calado, otros ridículos y superficiales, se fueron sucediendo. Alguien llegó a decir que esas imágenes parecían una obra de Martín y Sicilia, y en cierta medida pueden parecerlo. Lo cierto es que, aunque sea por contraposición, estas fotos nos sirven para explicar por qué las obras de esta pareja de artistas son tan efectivas, por qué recurren deliberadamente a espacios cercanos, cotidianos, reconocibles, para introducir sus, a veces imperceptibles, acciones de fricción, por qué establecen una búsqueda estética en sus composiciones que refuerce su eficacia y por qué, en la actualidad, la frontera entre verdad y simulacro es tan difusa que termina mezclándose en un magma confuso. Por todo ello, Martín y Sicilia, emplean la ficción y la simulación para construir una (ir)realidad más real que muchos acontecimientos dados por ciertos, y donde las situaciones, incluso las más convencionales, no tienen por qué ser lo que parecen.

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Duda, misterio y suspense

(un principio de incertidumbre)

El arte es entonces una cosa definida, una especie de la naturaleza y, como cualquier especie del mundo físico, actúa de acuerdo a sus propias leyes

Mark Rothko – La realidad del artista

 

Precisamente esa duda constante que comentábamos en el punto anterior de este manual, es la vía principal por la que se introduce el suspense en las obras de Martín y Sicilia, incluso en aquellas que, tras un primer vistazo, parecen narrar un hecho usual y cotidiano. Este misterio incorporado al ámbito doméstico lo convierte en una incertidumbre doblemente desasosegante, los temores posibles siempre perturban más que los imposibles, lo que te acecha tras la puerta de tu dormitorio puede generar más terror que cualquier monstruo exótico. El sustrato arcaico que apelaba al predeterminismo, a aquella convicción de que nuestro destino estaba escrito en los libros sagrados, en las estrellas o en las palmas de las manos y que el presente que estábamos viviendo era el preámbulo de un futuro conocido, fue eliminado por la modernidad mientras sustituía esas creencias por un aumento progresivo de la responsabilidad individual en nuestro respectivo porvenir, un futuro que será el resultado de las acciones y de las decisiones que vamos acometiendo en el transcurrir de nuestras respectivas vidas. La historia ha dejado de estar marcada por la providencia para estarlo por el suspense y la incertidumbre, hemos abandonado las fábulas con moraleja conocida para sumirnos en una película de cine negro con un final por escribir.

Por eso la actualidad se nos revela como una acumulación desmesurada de acontecimientos circunstanciales que debemos convertir en indicios si queremos aspirar a encontrarle un sentido. Ahora ya no se puede dar nada por supuesto y es por ello que, Martín y Sicilia, deciden convertirse en detectives de la contemporaneidad que investigan este desmesurado acopio de sucesos, no tanto para tratar de predecir un futuro que siempre permanecerá incierto, al albur de la siguiente decisión que cada uno de nosotros tomemos, sino más bien con la intención de establecer las coordenadas en continua mutación que incardinan nuestras vidas. Un trabajo infinito pero no estéril que tiene como objetivo describir unas estructuras que se encuentran en cambio constante, pero que, a pesar de eso, pueden servirnos como referencia. Esta pareja de artistas hace que espantemos nuestros terrores caseros armados con escobas, atrincherándonos en nuestras casas pero sin tener la certeza de que el enemigo no esté dentro, viendo la silueta del cuchillo detrás de la cortina de la ducha o percibiendo la sombra de un encapuchado, temeroso de que lo reconozcamos, mientras acecha en la oscuridad de nuestro cuarto. Martín y Sicilia nos ponen sobre aviso de nuestros propios miedos, de los miedos comunes y de los individuales, de los exclusivos y de los compartidos, tratando de evitar que alguien pueda aprovecharse y capitalizarlos, pero siendo conscientes de que, en la desmesura y en la incertidumbre de los tiempos, cualquier cosa puede ocurrir, de que todo, en realidad, es duda, misterio y suspense.

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expo: Sala Cabrera Pinto de La Laguna – Tenerife – noviembre 2016

fotos: Teresa Arozena

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