Ubay Murillo – “Objetos de estudio” – El Tanque – Tenerife

“Objetos de estudio”
Un proyecto de Ubay Murillo
comisariado por Fernando Gómez de la Cuesta

para el Espacio cultural El Tanque de Santa Cruz de Tenerife
Centros de Arte de Tenerife
C/ Fuente de Santa Cruz, s/n. M a V de 17 a 20h, S de 11 a 14h. Entrada libre
6 de abril > 3 de junio 2018

“Objetos de estudio” es una semilla que, en realidad, representa un cambio de paradigma en la creación de Ubay Murillo, un punto de inflexión que le hace trascender los caminos de esa pintura que ha recorrido durante los últimos quince años, para ahora transitar de lleno por las vías de la instalación y de la desmaterialización del propio hecho artístico. Pero empecemos por el principio o, al menos, por uno de los posibles comienzos, por la literalidad de un título que nos remite al taller del artista y al análisis formal de toda esa miscelánea de elementos que lo componen, que lo completan, de esos modelos que son el sujeto de una investigación que, en inicio, pudiera parecer meramente estética y material, pero que obviamente no lo es. En “Objetos de estudio” pocas cosas son lo que parecen. Lo que es cierto es que el punto de partida es ese atelier creativo donde los elementos inertes y las imágenes de cuerpos se van integrando en un gran glosario que sitúa las bases del proyecto a la manera de un atlas visual, unos fundamentos que generan un itinerario de carácter teórico, práctico y plástico, sobre la historia del cuerpo, de los objetos y del cuerpo como objeto, a partir del siglo XX, y lo hace bajo el prisma de la evolución liberal del capital, mientras reflexiona acerca de cómo las primeras vanguardias –y las imágenes y los textos que produjeron- fueron asumidos después por los medios de masas, traducidos como imagen viva del consumo y como iconografías del consumismo. Un trabajo de investigación que se plantea como una tesis creativa acerca de la capacidad del capitalismo como sistema generador de imágenes deseables y de sueños que, en muchas ocasiones, se transforman en pesadillas. Una propuesta que también enfatiza la capacidad del artista, de los artistas, para convertir esas imágenes en cualquier otra cosa, para explicarnos lo inexplicable, para hacer visible lo invisible, para desmaterializar su propio producto en plena era del materialismo y de sus servidumbres.

A partir de ese trabajo de laboratorio realizado en la intimidad del estudio, Ubay Murillo decide mostrar el cuerpo físico obtenido –pero también el metafísico- en un espacio singular, en algo que puede asemejarse a un gran agujero negro donde las piezas orbitan en una gravedad inestable, perdiendo cualquier referencia con respecto al cubo blanco y su señalética, con respecto a las paredes e iluminaciones usuales de los museos, incluso con respecto a los suelos y los techos convencionales de las salas de exposiciones. Un lugar que el artista halló en el seno del espacio cultural El Tanque de Santa Cruz de Tenerife, un antiguo depósito de queroseno reconvertido por el Gobierno de Canarias en un singular nódulo de visibilidad para la creación. Allí es donde sucede este proyecto, una propuesta específica que, como ya hemos señalado, tiene su origen en el taller, pero que se formaliza, se desarrolla y se completa en el propio contexto expositivo que lo alberga. Es en ese sitio en el que el artista despliega su constelación de luces y reflejos, de neones y focos, de peanas que se comportan como un objeto de estudio más y no como un mero soporte, de representaciones de cuerpos-objeto recogidos de ese acervo de imágenes contemporáneo que componen las revistas de tendencias, y porcelanas alemanas, y objetos art decó, y otros elementos cotidianos típicos de la burguesía centroeuropea que el artista descontextualiza para dotarlos de resonancias corporales y de diferentes lecturas que navegan entre las contradicciones de las vanguardias y las contradictorias publicaciones actuales de moda, dos objetos de estudio más que sobreviven a los envites del mercado pero que hacen aguas por todas partes. Unas naves que no pierden de vista el puerto conocido de una pintura que se empieza a cosificar, pero también a fraccionarse, a levitar y a diluirse, porque nunca conviene prescindir de todas las referencias, porque la única manera de crecer y de explorar lo desconocido es saber que tenemos algún lugar en el que nos esperan, algún sitio donde volver.

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